martes, noviembre 30, 2004

Rabia

Quédate donde estás insensanto. Tener delante una rosa y no olerla, sólo se te ocurre a tí. Ayer lo ví. Traje negro y corbata roja, muy de luto y pasión todo a una, como entonando canciones de amor, bailando tango e hiriendo de muerte en un mismo plano de cámara. Yo lo quise. Lo quise hasta el tuétano de mis huesos. No a él, pero sí a su drama. Sí a la manera de pisar por el mundo, con fuerza, de lleno, a pecho descubierto. Yo quiero andar a pecho descubierto, auque me parta el corazón la vida. Quiero ese arrebato en las entrañas y que me cuide el hombre de negro, y yo cuidarle a él y bañarnos en cascadas de delirio con la corbata roja y el alma por vestidura.
Tú no lo entiendes porque los gatos no ladran, pero a los perros les gusta vocear a coro en mitad de la noche, todos juntos, cuando les abruma la oscuridad.

lunes, noviembre 29, 2004

Habla, quema y deja restos

Te estoy mirando, mientras me requemas los poros de la piel. Por los inapreciables orificios por los que respira mi carne, sólo entras tú. Estoy aquí, más aquí que nunca, y no sé hasta qué punto viva, porque me estás hablando y tu vocabulario es fuerte. Me abrasas, y me dejas hecha restos de mí propia finitud. Veo el hogar de la chimenea infantil, y a tí dentro, penetrante, injusto y homicida, que acabas sin piedad con pobres despojos de jardín alegre, bosque inmenso.... Sí, quizás ellos, están ahora realmente despiertos, al morir, al sentir la metamorfosis de un cansino terminar. A veces, quisiera ser como tú. Tú solo tienes que quemar, y lo sabes, y te relames de amarillento orgullo. Si te sientes mal, destruyes, y si es tu día, purificas. Sólo es eso; mover tus alas de cobrizo pavor, contonear tus curvas doradas, rojizas y azules, como una patriótica - si es que ese término existe- bandera. Es una suerte, aunque sea una desgracia. Tú eres algo que me gustaría ser. Tú eres fuego, yo soy mujer, y aunque a veces nos parecemos, deseo la fusión y no la similitud; un tú en mí, y un yo en tí, tan rojo, dorado y azul como tú. Luz, no me mires así que me enamoras y....¡Qué natural es mi humo....ahora!

domingo, noviembre 28, 2004

La lira odia sus notas

No debí despertar con el deseo inerte de encontrar momentos. Los momentos no existen. Los inventamos. Y a mí me agota reconocer que hoy no puedo dibujar más minutos, porque me duelen y luego tengo que vendarme entera. Llevo desde el amenecer soltando al aire la inmundicia de decir lo que no siento y de sentir lo que no digo, y eso pesa. Los dedos se cansan y la lira se rebela, porque no le gustan sus notas y las oye sonar una y otra y otra vez. El rostro de la risa con el rastro del lamento es una hipocresía. La lira es hipócrita y yo, tal vez lo sea. Pero no quiero abandonarme al sentimiento, porque todo es relativo. Cuando la mañana me sorprende desnuda y vulnerable ante las horas, cuando rasca mis ojos pegados y mis ganas escondidas bajo la cama, me pilla soñando. Soñando con lo que vivo; con brumas que cada día espolvoreo a lado y lado del camino, con voces que se quedan como ecos en mi cabeza, con lentejas a las que hay que quitar las piedras y con parcelas de adiós. Pero tal vez si todo es sueño, las brumas solo sean soles pequeños y las voces murmullos y las lentejas.... después de comerlas todo puede quedar en nada, y la lira quizá despierte y....a lo mejor las notas ya le gustan, o se han ido. Voy a dormir, que ya despierto.

sábado, noviembre 27, 2004

El silencio de la nada

Mirando al frente me encontré la verde mirada de un niño. Estaba llena de preguntas, pero no encerraba el horror de otros rostros infantiles. Quedé agarrada al silencio de mantenerme en sus ojos y me contó todo un mundo de impresiones. Él no pronunció ni un verbo, y yo estaba demasiado perpleja ante la emoción de su susurro callado. Nadie habló, pero todo quedó dicho. Yo le pedí la sinceridad de su infancia y sentí que él envidiaba la supuesta libertad de mis años. Y nos dijimos que sí, que nos caíamos bien. Continué el camino reafirmando sentimientos: "Este es el silencio que me gusta, está claro, aquel en que nos decimos algo, en el que siento al otro, en el que he dejado parte de mi yo." Y lo sigo manteniendo. Me gustan los que me rodean, los necesito y hablar con ellos me llena, y voy a buscarlos aunque sólo sea para gritarles callando que estoy a gusto a su lado, sin decir nada. Este silencio es necesario.Pero no el de la nada. Déjaselo a los sosos. Odio el desarraigo. Tú calor me entusiasma.